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No matches found.El estímulo económico
El pueblo estadounidense tiene razón al reaccionar al actual debate sobre un paquete de estímulo económico con ambivalencia y con una profunda sensación de frustración.
Una reciente encuesta de USA Today/Gallup halló que la mayoría de los estadounidenses desea, en forma abrumadora, que el Congreso apruebe la ley del estímulo, pero no están convencidos de que el producto final vaya a ayudar a sus familias o resucite la economía.
Normalmente aplaudiríamos acciones decisivas de nuestros líderes en respuesta a una crisis. Pero la velocidad con que la Cámara de Representantes preparó su ley de estímulo de 819 mil millones de dólares nos recuerda que la celeridad a menudo causa derroches de dinero—especialmente cuando éste está dirigido a financiar causas específicas de los partidos. Tras habérsenos informado que nuestro sistema financiero está en crisis, se nos recuerda nuevamente que nuestro sistema político tampoco anda a las mil maravillas. Los legisladores tienen tendencia a producir leyes monstruosamente largas, de 600 páginas, y después a aprobarlas con apuro, antes de que los medios tengan tiempo de ver de qué está hecha la salchicha.
Detenerse en qué empresa pagó cuántas bonificaciones o cuánto gastó un ejecutivo en remodelar lujosamente su oficina o si el paquete de gastos beneficiará a Main Street en lugar de Wall Street ignora las cuestiones más importantes. Lo que debemos realmente decidir es si el presidente Obama tiene razón al decir que el Congreso debe actuar “con rapidez” y no debe permitir que se interpongan que lo que él llama “diferencias muy modestas” entre demócratas y republicanos, o si los republicanos del Senado están en lo correcto cuando dicen que la ley de la Cámara de 819 mil millones de dólares es una monstruosidad que debe ser domesticada con más exenciones fiscales y menos gastos.
Sería mejor si pudiéramos tener una acción decisiva y al mismo tiempo terminar con el curso de acción adecuado. Pero, por el momento, eso no parece probable. Es mejor tomarse el tiempo necesario para hacerlo bien.
Esta semana, los republicanos del Senado redactaron su propia ley de 713 mil millones de dólares de estímulo con prioridades muy diferentes a las que habían señalado los demócratas de la Cámara. Los republicanos quieren gastar 114 mil millones de dólares en proyectos de infraestructura —los cuales, irónicamente, fueron inicialmente considerados por el gobierno como puntos principales del estímulo, antes de que los legisladores demócratas se descarriaran financiando todo, desde exenciones fiscales para productores de películas, hasta guarderías en bases militares. Los republicanos gastarían también 138 mil millones de dólares para extender beneficios de desempleo y otros 31 mil millones de dólares para ayudar a aliviar la crisis de la vivienda. Por supuesto, los republicanos reservaron la principal parte del dinero para exenciones fiscales —por valor de 430 mil millones de dólares.
Uno de los supuestos del mundo empresarial es que el caos crea oportunidades. Pero en política, la frase adquiere un significado totalmente nuevo. En Washington, el caos presenta una oportunidad para que los legisladores de ambos partidos pongan, egoístamente, sus propios intereses por delante de los intereses de la población.
Naturalmente, los demócratas van a utilizar la crisis económica para cuidar de los sindicatos que los cuidan a ellos. La estipulación de “Compre lo Estadounidense” de la ley de la Cámara excluiría, mayormente, acero y hierro extranjero de los proyectos de infraestructura financiados públicamente. Los demócratas del Senado quieren requerir con pocas excepciones, que todo proyecto financiado por el estímulo utilice sólo productos y equipo fabricados en Estados Unidos.
Mientras tanto se puede contar con que los republicanos presionen para que se establezcan cientos de miles de millones de dólares en exenciones fiscales, a pesar del hecho de que los recortes fiscales de Bush no estimularon casi nada. Y aunque los economistas dicen que en épocas malas como ésta la gente tiende a ahorrar dinero o a utilizarlo para pagar deudas y no para gastarlo, el Partido Republicano no puede contenerse. Está tan ansioso como la oposición por utilizar la crisis para avanzar su programa o recompensar a sus seguidores.
El presidente Obama se equivocó al confiar en que los demócratas del Congreso dejarían de lado la política y encontrarían soluciones. Los líderes demócratas del Capitolio continuarán dando dolores de cabeza al presidente persiguiendo sus propios objetivos. Pero los estadounidenses cometieron un error mayor al esperar que el gobierno vaya a rescatarlos con una solución rápida para un colapso económico que no ocurrió de la noche a la mañana y que, por lo tanto, tampoco se arreglará de la noche a la mañana.
¿Qué creíamos? El Congreso va a hacer lo que quiera hacer por las razones que quiera. Y aún así, lo que haga, sea lo que sea, probablemente no ayude mucho. Por tanto, al tomar el tipo de decisiones que afectan su bienestar económico y el de sus familias, los estadounidenses tendrán que continuar protegiéndose solos.
La dirección electrónica de Ruben Navarrette es ruben.navarrette@uniontrib.com





