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De sol a sol
Don José trabaja de sol a sol. Ya está cansado. Tiene más de 70 años.
Todos los días se levanta a eso de las 5 de la mañana para ir a ordeñar las pocas vacas que le quedan: 20 minutos de ida y 20 de vuelta. Regresa con la leche, almuerza y luego se va otra vez, a separar los becerros de sus madres para que éstas almacenen en sus ubres la leche para el siguiente día. Estando allá aprovecha para trabajar en su siembra. Antes era maíz y arroz, pero como ya eso no tiene mucho valor, optó por plantar árboles de mangos. Allí pasa la mayor parte del día: arreglando alguna cerca, cortando la hierba, fumigando, y viendo pasar la vida; una vida de más de 70 años, llena de trabajo duro y poca compensación. Así es y así ha sido su rutina desde hace muchos años.
Para él no hay fines de semana.
Quién sabe cuánto tiempo más soportará don José este ritmo de vida. Tal vez hasta que de plano el físico ya no le aguante o cuando Dios —o quien sepa de estas cosas— decida que no más, que hay que llevarse a don José a descansar.
Mientras tanto él sigue trabajando, sin plan de retiro, sin Medicare, sin Medical, sin seguro de vida, sin seguro de desempleo. El no tiene nada de eso. Tampoco tiene senior disccount. En su país eso no existe o por lo menos no para él.
Y ni falta que le hace. Don José no se queja.
El crecimiento económico
Don Fermín ha sido pobre desde que me acuerdo. Y mire que tengo buena memoria (a largo plazo). Sus hijos solían juguetear desnudos por las calles porque sus papás no podían comprarles ropa. Al pasar por su casa uno podía ver, desde afuera, la cocina improvisada. Un fogón hecho de tres piedras, un comal y una olla de peltre en mal estado, donde cocinaban almuerzo, comida y cena. A veces las tres en una. Me mudé y dejé de verlos por mucho tiempo y hasta me olvidé de su situación.
Luego, en otra vida, en otro ambiente, uno se traza otras prioridades. Tras la universidad, hay que saber de política, de economía, de letras. Hay que cuidar y criticar al presidente en turno y ver si realmente cumple lo que promete.
En México, por ejemplo, pasan y pasan presidentes y al final de cada sexenio, de acuerdo a sus informes, estamos mejor que seis años atrás.
Para no ir tan lejos, sucedió con Carlos Salinas de Gortari. Según él, el país tuvo un crecimiento vertiginoso económicamente. Luego llegó Ernesto Zedillo y tras superar la tremenda devaluación, al final, dicen, la economía mexicana ya había crecido en un 7 por ciento.
El más reciente, Vicente Fox, asegura que tras su mandato México creció económicamente en casi el 3 por ciento.
Y uno se sienta y escucha la verborrea de los dueños de los países, que dicen que el país ha tenido un crecimiento económico equitativo, incluyente y sustentable. Hablan de que se redujo el déficit público, y de que se incrementó el producto interno bruto; que la micro y macro economía siguen a la alza.
Y don Fermín ha de decir que sí, que todo eso está muy bien; que todo suena muy bonito. Sin embargo —me lo imagino concluyendo— él sigue siendo pobre.
El cristal con que se mira
La historia nos la contó la mestra de español hace como 13 años, cuando este servidor cursaba el segundo grado de secundaria. Según la docente, un grupo de profesionistas del poblado fueron a pedirle ayuda al cantautor Juan Gabriel para poner líneas telefónicas en el pueblo. La respuesta fue tajante. Según nuestra fuente, el señor Juan Gabriel se negó a brindar su ayuda porque los teléfonos le quitarían ese sentido pintoresco, de tranquilidad y vida campirana al pueblo. Obviamente nunca le he preguntado a Juan Gabriel sobre la veracidad del caso. Sin embargo, años después sacó un tema titulado “El México que se nos fue”, en el que habla precisamente de la nostalgia que le provoca el hecho de que ciertas tradiciones pueblerinas y pintorezcas estén desapareciendo. La canción (muy bonita por cierto) lamenta que ya la gente no vaya al molino (ahora compran tortillas hechas), que las mujeres ya no usen enaguas, y los hombres calzón de manta, entre otras cosas. Así de que supuse que no había por qué dudar de la versión de nuestra maestra.
Pero la cosa ha cambiado. A Juan Gabriel le dio por hacerse una hacienda en este pueblo para pasarse allí, tranquilo, el mayor tiempo posible.
Tras mandarse construir su cómoda residencia, ahora ha empujado para hacer que la carretera que da al pueblo y a su casa, esté en mejores condiciones. También ha hecho esfuerzos para mejorar la infraestructura del pueblo y abrirlo a la modernidad. Ya hay línea de teléfono e inlcuso, me cuentan, pronto habrá cobertura para teléfonos celulares. Y además el pueblo se está promocionando como un lugar turístico.
Curioso, un lugar nos puede parecer pintoresco siempre y cuando no vivamos allí.






