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No matches found.Richardson es plato de segunda mesa
Observen este curriculum vitae dorado: miembro del Congreso durante siete períodos; enviado especial a Corea del Norte, Irak, Cuba y Sudán; embajador en la ONU; secretario de Energía y candidato nominado cinco veces para el Premio Nobel de la Paz.
Uno pensaría que un candidato con tantos logros tendría el puesto asegurado como secretario de Estado en un gobierno de Barack Obama, especialmente si esa persona era también miembro de un grupo étnico muy solicitado, que brindó dos tercios de sus votos a Obama y lo ayudó a ganar cuatro estados indecisos. ¿Y qué si esa persona era además un ex candidato presidencial, que había arriesgado su cuello para apoyar a Obama sobre Hillary Clinton, convirtiéndose así en persona non grata en el equipo Clinton y hasta siendo homologado a “Judas” por el eterno fiel Clintonista, James Carville?
Finalmente, ¿qué si esa persona tenía el respaldo de la National Hispanic Leadership Agenda, una asociación de 26 organizaciones hispanas nacionales y regionales, de derechos civiles y políticas gubernamentales? La NHLA recientemente envió una carta al presidente electo Obama recomendando al gobernador de Nuevo México, Bill Richardson como secretario de Estado. John Trasvina, el presidente del grupo, que también se desempeña como presidente y abogado general del Mexican American Legal Defense and Educational Fund, escribió: “Nadie está mejor calificado para desempeñarse como diplomático jefe del país que el gobernador Bill Richardson”. Janet Murguía, miembro de la Junta y presidenta y Jefa Ejecutiva de La Raza, agregó lo siguiente sobre Richardson: “Su nombramiento enviaría un poderoso mensaje a los latinos de todo el país así como también a nuestros vecinos del hemisferio”.
Ahora me pregunto qué mensaje envía el hecho de que el presidente electo Obama haya, aparentemente, pasado a Richardson por alto y parezca listo para ofrecer el puesto de la secretaria de Estado a su ex rival, Hillary Clinton. Aunque se la conoce en el mundo entero por sus días como primera dama, Clinton no tiene en forma alguna el nivel de experiencia de Richardson en asuntos del Exterior. Además, trató a Obama en forma censurable durante las primarias. ¿Piensa alguno, realmente, que si Hillary hubiera sido electa para la presidencia estaría examinando los antecedentes de Obama para la secretaria de Estado?
Tras el desaire, Richardson presentó la otra mejilla y resultó nuevamente abofeteado. Se dice que están a punto de ofrecerle, como regalo de despedida, un trabajo —secretario de Comercio— que otra persona rechazó. Esa otra persona era Penny Pritzker, la principal recaudadora de fondos del presidente electo quien, según se dice, era la persona que Obama quería en ese puesto. Pritzker, heredera multimillonaria de la fortuna de los Hoteles Hyatt, retiró su nombre de toda consideración.
Qué lío. Defensores de Obama y Richardson, como también los medios que se avienen a ello, están manipulando la cuestión todo lo posible para limpiarla. Están desesperados por convencer a todo el que quiera escuchar, de que no se despreció a nadie y que todo funcionó como estaba planeado. Todo es miel sobre hojuelas.
Lamentablemente, entre ellos están los “líderes” latinos —usando el término en forma tentativa— quienes, sólo semanas antes, estaban presionando a Obama para que concediera a Richardson un puesto enteramente diferente.
Cuando llamé a Trasvina para preguntarle lo que pensaba de los hechos recientes, el ex funcionario del Departamento de Justicia de Clinton trató de conformarse con su decepción.
“Seguro que estoy decepcionado”, dijo Trasvina. “Mucha gente está decepcionada. ¿Pero es Richardson un buen candidato para el Departamento de Comercio? La respuesta es que sí. ¿Y es una buena elección para la comunidad? La respuesta es sí.”
Y suponen que los líderes latinos van a ser más comprensivos con un demócrata que los haya ignorado que con un republicano que haga lo mismo. La respuesta es sí.
No dejen que los manipulen. Es humillante ser la segunda opción para secretario de Estado. Pero es aun más humillante ser la segunda opción para secretario de Comercio.
No se trata de Richardson, que quizás esté muy contento disponiéndose a cortar cintas en Toledo mientras Clinton se dirige a cortar cintas en reuniones cumbre en Tel Aviv. Se trata de algo de mayor envergadura. Richardson es el único gobernador hispano y el funcionario electo hispano más prominente del país. Y la forma en que lo trataron no habla muy bien del respeto de Obama por la comunidad hispana. Ni tampoco lo hace el hecho de que Obama parezca haber llenado los cuatro puestos principales del Gabinete —Justicia, Tesoro, Defensa y Estado— sin poder encontrar ni un hispano para colocar en ellos.
La mayor minoría de Estados Unidos corrió un riesgo con Obama, a pesar del hecho de que el presidente electo no intentó, en el pasado, extender vínculos hacia dicha comunidad y tampoco se esforzó en tratar de ganarse sus votos. Esa gran minoría se merece algo mejor.
La dirección electrónica de Ruben Navarrette es ruben.navarrette@uniontrib.com




