Doble vía para el tráfico de armas

March 13, 2009 - 9:28 AM

Ha llegado el momento de que el pueblo estadounidense deje de negar la realidad y asuma seriamente la tarea de detener los envíos de armas a México.

El embajador de México en los Estados Unidos, Arturo Sarukhan, señaló que unas 2,000 armas entran en México desde los Estados Unidos, todos los días —la mayoría por Texas y Arizona y muchas de ellas compradas legalmente en exposiciones y tiendas de armas. Muchas de las transacciones se llevan a cabo mediante “compras por testaferros”, en las que los narcotra -ficantes utilizan estadounidenses —entre ellos amigos y parientes— para adquirir armas.

La Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, siglas en inglés) estima que el 90 por ciento de las armas de fuego confiscadas en delitos de drogas en México provienen de los Estados Unidos, y algunos de los envíos pueden ser enormes.

Tanto estadounidenses como mexicanos tienden a pensar en la frontera como en el fin de la tierra. No lo es. Es un molinete. Cuando alguien va al norte en busca de trabajo, los mexicanos suponen, ingenuamente, que será la última vez que lo vean. Y cuando las armas van al sur en busca de problemas, los estadounidenses suponen lo mismo sobre el caos que crearán. Ambas cosas son incorrectas. Los inmigrantes vuelven a México debido a la mala situación económica en Estados Unidos. Mientras tanto, la violencia producida por las armas que los estadounidenses subsidian al sur de la frontera se vuelca sobre suelo estadounidense.

La secretaria de Seguridad del Territorio, Janet Napolitano, todavía no se ha enterado de esto. Recientemente expresó ante un comité del Senado que la violencia del narcotráfico de México no se había propagado a Estados Unidos. Pero sólo unos pocos días antes, el director de Seguridad del Territorio de Texas, Steve McCraw, expresó a la Legislatura de Texas que la violencia de los carteles de drogas —“sin lugar a dudas”— se había rebasado, entrando en Texas. Además tenemos al estado de Napolitano, Arizona, cuya mayor ciudad —Fénix— se considera ahora como la capital de secuestros de la nación, debido a la violencia proveniente de México. El Procurador General de Arizona, Terry Goddard, está procesando casos de tráfico de armas investigados por la ATF federal.

Según el Departamento de Justicia, los narcotraficantes mexicanos están presentes en por lo menos 230 ciudades estadounidenses.

Con razón el gobierno de Obama está tomando en serio la ayuda al presidente mexicano, Felipe Calderón, para combatir a los carteles de drogas. Napolitano ha prometido aumentar la cooperación del Departamento de Seguridad del Territorio con México, a fin de ayudar a reducir la exportación de armas de asalto al sur. Y sobre ese tema, el Procurador General, Eric Holder, causó cierta conmoción cuando convirtió la guerra contra la droga en un debate sobre el control de armas.

“Tal como indicó el presidente Obama durante la campaña”, dijo Holder, “hay unos pocos cambios relacionados con las armas que nos gustaría llevar a cabo, y entre ellos estaría reinstaurar la prohibición de la venta de armas de ataque (que se venció en 2004). Creo que tendremos un impacto positivo en México, como mínimo”.

Eso fue todo lo necesario. Los que aman sus armas más que a su vecino del sur estaban ansiosos por creer a Lou Dobbs, de CNN, cuando el alarmista y crítico de México declaró: “El Procurador General Eric Holder está dispuesto a sacrificar nuestros derechos de poseer armas bajo la Constitución para beneficio de un gobierno extranjero, en este caso, México”. Repentinamente, el grupo anti-México tiene una nueva advertencia para hacerle a Estados Unidos. Y como el resto de sus sandeces, esta ejemplo de necedad es propio de una pegatina para para-golpes: “Obama te sacará tus armas —para agradar a México”.

Así pues ¿los loables esfuerzo de las fuerzas de seguridad para ser más severos no con la posesión de armas sino con el contrabando de ellas —mediante iniciativas tales como la “Operación Traficante de Armas”, que la ATF lanzó hace un poco más de un año— son una violación del derecho de los estadounidenses de portar armas según la Segunda Enmienda?

No sé porqué, pero dudo que James Madison, el padre de la Constitución, co-firmara dicha aseveración.

Es un asunto serio que merece una discusión seria, sin hipérboles ni distorsiones. El Congreso sin duda piensa eso, razón por la cual aprobó 10 millones de dólares para la Operación Traficante de Armas en la ley de estímulo económico.

Sarukhan, en una reciente entrevista con el San Diego Union-Tribune, citó una redada el año pasado en la ciudad de Reynosa, del otro lado de la frontera frente al Valle del Río Grande en Texas.

“En una sola confiscación”, dijo el embajador “detuvimos medio millón de balas, 270 armas de asalto semi-automáticas, granadas de fragmentación y... rifles para francotiradores. Y todos venían del lado estadounidense de la frontera”.

No tiene sentido negarlo. Gran parte de la muerte y destrucción al sur de la frontera lleva el sello: “Fabricado en EE.UU.”. Los estadounidenses ayudaron a crear este caos. Es justo que hagamos todo lo posible para arreglarlo —no sólo por el bien de México, sino por el nuestro.

La dirección electrónica de Ruben Navarrette es ruben.navarrette@uniontrib.com.