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No matches found.Aquí nos tocó vivir
California es famosa por sus quejas. Se lo dice alguien que nació en el Estado Dorado y que ha vivido en él la mayor parte de su vida, pero que también pasó rachas largas en otras partes. Parte de vivir en California es sentir la necesidad de quejarse sobre qué difícil es vivir en California. Muchos han tirado la esponja y abandonado el estado.
Algunos van hacia el sur. Para los baby-boomers que se han jubilado y esperan poder estirar sus dólares, México es la nueva Florida. Y como las empresas mexicanas están ansiosas por satisfacer las necesidades de los expatriados estadounidenses, pueden arreglárselas sin tener que aprender español.
Los cálculos del Censo sugieren que, en los últimos cuatro años consecutivos, el número de gente que se va de California excede el número de gente que ingresa a California de otros estados. De julio de 2007 a julio de 2008, esa cantidad sumó 144.000 personas. Además de México, muchos se mudaron a Georgia, Idaho, Colorado, Texas, Washington y Carolina del Norte.
Es cierto, el éxodo representa sólo una mínima parte de los 38 millones de personas que habitan el estado, y la población continúa creciendo gracias a la inmigración y a la tasa de natalidad. Y la gente sigue mudándose aquí por los mismos factores que atrajeron a los millones que vinieron en el siglo pasado —el clima más moderado, la belleza del paisaje que incluye mar, monte, desierto y bosques, todo en un estado.
Aún así, hablar de la muerte de California es un pasatiempo favorito —para los residentes, a quienes les gusta quejarse, y para los que viven en otras partes y piensan que la Costa Oeste no está a la altura de las expectativas.
Los titulares no ayudan. El gobernador Arnold Schwarzenegger, redujo su discurso sobre la Situación del Estado e informó a legisladores que el masivo défict presupuestario de California —que se espera que pase de los 40 mil millones de dólares dentro de un año y medio— es una “roca en nuestro pecho” que impide que el gobierno estatal haga prácticamente nada. Existe la posibilidad de que California pronto tenga que pagar sus cuentas exclusivamente con pagarés.
El otro día escuché las quejas de la gente en un programa radial de Los Ángeles. Eran los temas habituales: el tránsito, las escuelas mediocres, la vivienda tan cara, etc.
Y puesto que esto es California —lugar de residencia de muchos inmigrantes ilegales por ser lugar de residencia de muchos ciudadanos que los contratan para tener una vida más confortable— también hubo muchos comentarios a menudo asociados con racistas. “Ya estoy cansado de la gente de aquí”, dijo un oyente. “Los mexicanos. Los asiáticos. Están por todos lados”. Otra oyente se quejó de que en la escuela de su hijo, no había “suficiente gente blanca”.
Que conste, éste es un estado azul, donde la gente se considera tolerante porque la mayoría vota a los demócratas. California votó en forma abrumadora por Barack Obama el otoño pasado.
Al oír a los llorones, me pregunté si no estábamos pidiendo demasiado de los lugares donde vivimos. Esperamos que nuestro entorno nos haga feliz cuando la verdad es que una persona puede ser feliz o infeliz casi en cualquier lado.
He visto en el pasado cómo los californianos se iban. Después de los disturbios de Los Ángeles de 1992, el sur de California huyó a ciudades tales como Las Vegas y Phoenix. Digo ahora lo que dije entonces: “Dejen que se vayan”. El futuro pertenece a los valientes y optimistas, lo mismo que en el siglo pasado. Los que se van no parecen comprender esto; pero sus abuelos sin duda lo hicieron. También lo comprende una nueva generación de inmigrantes que llegan para cumplir su propia versión del sueño californiano.
Yo vine de vuelta a California después de la universidad. Más tarde, viví en Phoenix, Boston y Dallas, antes de volver a casa otra vez hace unos años. Quizás sea porque me mudé cuatro veces durante la treintena o porque soy nieto de campesinos migrantes quienes, en la década de 1950, se iban de un estado a otro con la promesa de poder ganar un dólar más por hora. Sea por lo que sea, me parece una gran idea moverse en busca de oportunidades.
Aún así, más vale mudarse en busca de algo, que huyendo de algo. Muchos de nosotros tendemos a romantizar los lugares a donde vamos y pocas veces consideramos la posibilidad de que pronto tendremos nuevas quejas sobre nuestro entorno. También tendemos a pasar por alto el éxodo de personas que se va del lugar adonde estamos yendo —incluyendo los que pueden mudarse al lugar que acabamos de abandonar.
Así es la vida en movimiento. Donde la promesa de un mañana más dulce siempre nos llama. Y todo allí es mucho mejor.
La dirección electrónica de Ruben Navarrette es ruben.navarrette@uniontrib.com




