Alberto Cortez, previo al comienzo de su interpretación de la bella canción de Facundo Cabral, “No soy de aquí ni soy de allá”, nos dice las siguientes palabras:
“Me gusta andar, pero no sigo el camino, pues lo seguro ya no tiene misterio. Me gusta ir con el verano muy lejos, pero volver donde mi madre en invierno, y ver los perros que jamás me olvidaron, y los abrazos que me dan mi hermanos”.
Al igual que Cortez, hay cosas parecidas que a mi también me gustan.
Por ejemplo, me gustan los veranos porque es la época del año en la que tengo oportunidad de volver a mi terruño querido a visitar a mis padres y hermanos. Allá, con humedad y mosquitos incluidos, disfruto mucho de las trasnochadas en el patio de la casa, platicando con mis padres, bromeando con mis hermanos.
Me gusta el café. Pero me gusta más cuando es el pretexto para una buena charla. Es la excusa perfecta para componer el mundo y compartir con los amigos opiniones sobre ciertos placeres de la vida como la música, la literatura, el arte del buen decir, el futbol, la familia, algunas anécdotas, la infancia, entre otras delicias de este mundo.
Me gusta platicar. ¡Me encanta platicar! Nada más rico que una sabrosa charla y más si el tema es alguno de los arriba mencionados.
Me gusta el periodismo. Disfruto leer las columnas de Ricardo Rocha, de Cyro Gómez Leyva, Arturo Pérez Reverte, y los artículos de Eduardo Galeano, entre otros.
Me gusta leer. Es riquísimo cuando uno encuentra un libro de esos que lo mantienen a uno leyendo y que cuesta detenerse. De ese tipo me han tocado varios, entre los que recuerdo están, por ejemplo, “Noticia de un secuestro”, de Gabriel García Márquez, “Arráncame la vida” de Ángeles Mastreta, “El túnel” de Ernesto Sábato, “El perfume” de Patrick Süskind, entre muchos otros. Pero me gustan también esas delicias literarias como “Cien años de soledad”, también de Márquez; “Del sentimiento trágico de la vida” de Miguel de Unamuno; los cuentos de Rulfo; el “Manual de instrucciones” de Julio Cortázar. Y cómo no mencionar al “Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, que aunque no he terminado de leer, es sin duda una excepcional obra de arte literaria.
Me gusta Borges. Me fascina Borges y su fantástica lucidez. Me encanta releer “El jardín de los senderos que se bifurcan”, cada vez que tengo oportunidad. Disfruto de “Las ruinas circulares”, “Funes el memorioso”, “El Aleph”, y muchos de los cuentos de sus “Ficciones” y su “Libro de arena”, entre otros.
Me encanta leer y escuchar entrevistas con estos y otros autores, porque así uno conoce mejor sus formas de pensar.
Me gusta el futbol. Y le voy al América. Siempre admiré a jugadores como Maradona, Marco Van Vasten, Romario, Roberto Baggio.
Me gusta tronar con la mano esas bombitas del plástico donde vienen envueltos algunos aparatos electrónicos para que no se maltraten.
Me gusta la carne y la pasta. Un buen chile verde de El Rosal; el ribeye de Don Vinos, los sopes y las quesadillas de mi mamá; el pozole de Vicky.
Me encanta la buena música: la trova, el rock en español. Me gusta la sensación que queda después de ver una buena película. Es que me gusta mucho el cine.
Me gusta manejar a Tijuana cuando se me antojan unos buenos tacos de suadero y cuando hay una buena película en el cine de esas que usualmente no llegan a los Estados Unidos. Sentarme en la explanada de la Plaza Río para ver a los mimos y a los payasos divirtiendo a los niños.
Me gusta Chespirito. Y el olor a tierra mojada. Y la morisqueta a la orilla de la playa. Las vaciladas de mi tío “Chilín” y los chistes de mi tío Rafael (que en paz descanse). Las payasadas de mi primo el hamburgueso. Y los tacos de bistec y las quesadillas que venden cerca de mi pueblo. Y las fogatas para protegernos del frío. Y los mazapanes. Y la poesía. En fin, me gustan muchas cosas.
Ah, y las canciones de Cabral.