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No matches found.Pista falsa en calificación sobre inmigración
La elección presidencial de 2012 probablemente se centrará en los puestos de trabajo y la economía —y no en la inmigración.
Pero no le digan eso a NumbersUSA, una organización nativista, que recientemente calificó a 12 candidatos anunciados y posibles, entre ellos, al presidente Obama, por sus opiniones, políticas y declaraciones relativas a la inmigración. No fue agradable. No se inflaron las calificaciones en este caso.
Esta entidad desea reducir el número de inmigrantes que ingresen a los Estados Unidos a la cifra anterior a la ley de la reforma migratoria de 1965 —alrededor de unos 250.000 al año. Esa cifra representa aproximadamente un cuarto de la cifra actual, y una manera de alcanzarla es dificultar al máximo el ingreso legal de los inmigrantes, si no son hijos o esposos de un ciudadano estadounidense.
Lo único positivo sobre grupos como éste es que demuestran que la afirmación de los restriccionistas de que no tienen problema con los que desean inmigrar legalmente, es una mentira. Claro que no tienen problema. En la medida en que esa gente se quede en su país de origen.
NumbersUSA sí tiene problema con la actual camada de candidatos presidenciales. La mejor calificación se la llevó Michelle Bachmann, pero fue sólo una B-menos. Le siguió Tim Pawlenty con una C-más y Herman Cain con una C-menos. Mitt Romney y Sarah Palin obtuvieron una D. Newt Gingrich, Jon Huntsman y Rick Perry, se sacaron D-menos. Ron Paul, Gary Johnson y Rick Santorum se sacaron Fs. El peor de todos fue el presidente Obama, con una F-menos.
Los candidatos perdieron puntos por oponerse a los esfuerzos para modificar la 14ª Enmienda para lograr que los hijos de inmigrantes ilegales, nacidos en Estados Unidos, no puedan obtener ciudadanía estadounidense; por no presionar para que se establezcan límites para la inmigración legal y por cuestionar la sensatez de leyes estatales tales como las de Arizona, Alabama y Carolina del Sur, que reclutan a la policía local para hacer cumplir la ley migratoria federal.
La popularidad de Romney con este grupo probablemente se vio afectada por sus cálidos sentimientos hacia los inmigrantes legales. Por provenir de una familia mormona que emigró a México a fines de 1800 para escapar la persecución, Romney se ha quejado de que ponemos demasiadas dificultades para que la gente venga legalmente a Estados Unidos a trabajar o estudiar —y que les es prácticamente imposible permanecer en el país después de que sus visas se venzan. Como muchos jefes ejecutivos, Romney piensa que deberíamos literalmente engrapar una tarjeta verde al diploma de todo estudiante extranjero que se reciba en una universidad estadounidense.
Gingrich podría haber sido perjudicado por el hecho de que, tal como lo ha declarado, apoya un punto medio entre la amnistía y la expulsión obligatoria de millones de personas. Como expresara en el debate del Partido Republicano, hace dos meses, en New Hampshire, Gingrich rechaza la sugerencia de que “o hay que enviar 20 millones de personas fuera de Estados Unidos o legalizar a todas ellas”. También ha rechazado la idea de las deportaciones masivas por ser “despiadada”.
Perry sin duda cayó en desgracia por oponerse a más cercas a lo largo de la frontera EE.UU.-México, declarando que la ley migratoria de Arizona no era una buena medida para Texas y por firmar una ley que concedió a los inmigrantes ilegales la misma matrícula que la de los residentes del estado.
Huntsman no se ayudó a sí mismo con este grupo cuando declaró su apoyo a la Ley DREAM, que concedería categoría legal a cambio de asistencia a la universidad o servicio militar. El ex gobernador de Utah expresó recientemente: “Pienso que los niños pequeños, cuando se los trae aquí a los Estados Unidos, no tienen control sobre ese viaje. No tienen control sobre su destino”.
La gran sorpresa es que Obama se sacara una F-menos. Si uno deja de lado lo que dice el presidente y se concentra en lo que hace, muestra ser un restriccionista de la inmigración. Después de todo, éstos también existen en la izquierda. A menudo los motiva la inquietud de que el aumento de la inmigración o los esfuerzos para legalizar a los indocumentados socavan a los sindicatos y producen una competición desleal para los trabajadores no-especializados de Estados Unidos.
Eso suena como Obama. Bajo su gobierno, el Departamento de Seguridad del Territorio deportó a más de 1 millón de inmigrantes ilegales y piensa deshacerse de más de ellos utilizando el programa Secure Communities para obligar a la policía local y del estado a hacer cumplir la ley migratoria.
Mientras tanto, todo el que piense que la inmigración legal es un factor positivo pare nuestro país y que necesitamos más inmigrantes, y no menos, quizás quiera echar otra mirada a algunos de los candidatos republicanos a la presidencia. Si una organización tan retrograda como ésta piensa que son tan deficientes, estos candidatos quizás estén haciendo algo bien.
La dirección electrónica de Ruben Navarrette es ruben@rubennavarrette.com




