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Gran desafío de la humanidad
Noviembre de 2004
Sobre el triunfo de Bush en las pasadas elecciones, Eduardo Stanley, periodista y amigo, escribió en uno de sus varios artículos publicados en este medio que “Además de mantener la Casa Blanca, los conservadores aumentaron el control del Congreso y es posible que también crezca su influencia en la Suprema Corte de Justicia. Sumado a la prensa y una amplia base religiosa, el dominio social conservador es casi total, condición básica de todo imperio”.
Su tocayo de nombre y profesión y casi de nacionalidad, Eduardo Galeano, dice que la cultura dominante de los grandes medios de comunicación no revela la realidad; la enmascara. No promueve el cambio; ayuda a evitarlo. No insta a la participación democrática; induce la pasividad, la resignación, el egoísmo. No genera creatividad; genera consumidores.
Hoy, los grandes medios de comunicación están al servicio de los que están en el poder. Sirven como medios propagandísticos para esparcir la realidad de los poderosos que quieren seguir teniendo poder.
El presidente del mundo George W. Bush servirá otro ciclo, o mejor dicho, seguirá sin servir por cuatro años más. Ganó más fácil de lo que muchos pensábamos.
Su triunfo, como lo dice Stanley, se debe en gran parte a la base conservadora que llevó la campaña al terreno de la moral, de la doble moral, esa que indica que es malo que dos personas del mismo sexo tengan derecho al matrimonio, que porque es sagrado, pero por otro lado alaba, patrocina y aplaude, programas de televisión como Who wants to marry a millionaire? (¿Quién se quiere casar con un millonario?) donde la audiencia nacional puede ver cómo un grupo de jóvenes compiten para conquistar y casarse con un supuesto millonario, olvidándose de lo “sagrado del matrimonio”. Esa misma doble moral condena el derecho al aborto por considerarlo un crimen contra la vida, pero cierra los ojos ante los más grandes crímenes a la humanidad como las guerras y los asesinatos de los que son víctimas miles de personas que mueren de hambre día a día.
Ciertamente da tristeza, ¿pero qué esperábamos? No podemos pedirle a la ciudadanía estadounidense que deje de tener miedo, si todos los días el presidente del planeta habla de terrorismo y de seguridad nacional y los medios lo difunden.
El país decidió inclinarse peligrosamente hacia la derecha, dándole un poder impensado a un señor medio distraído, un poder casi absoluto, ya que controla el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Además, tiene el apoyo de los grandes medios que se encargaron, por ejemplo, de hacer creer a la gente de que la guerra en Irak es debido al maltrato que Saddam Hussein le daba a los iraquíes, dejando a un lado la búsqueda de las supuestas armas de destrucción masiva. Esos mismos medios que no le dicen a la gente que a raíz de la ocupación, han muerto más civiles iraquíes que durante el régimen de Saddam. El gobierno de Bush tiene además el apoyo de un gran sector de las instituciones religiosas, las cuales han decidido venderse a cambio de grandes contribuciones y de un demagogo discurso de moralidad. Así, le entregan a la derecha millones de votantes incapaces de pensar por si mismos y que se limitan a seguir las instrucciones de su iglesia.
Nuestra sociedad está distraída, no nos damos cuenta que estamos haciendo lo que siempre hemos criticado. Hitler y Stalin también tenían poder absoluto y ambos tenían un aparato propagandístico que trabajaba para su beneficio.
En uno de sus tantos artículos, el escritor mexicano Carlos Fuentes compara a Bush, a Hitler y a Stalin, pero, no para igualarlos, dice, sino para diferenciarlos. “No, Bush no es Hitler ni Stalin. Pero tiene más poder que ellos. Este es el peligro”, dice Fuentes.
Estados Unidos es considerado como el imperio hegemónico mundial. Aquí, un solo frente (el de derecha) tiene el dominio de todo el país, el mismo país que a su vez cree tener el dominio del mundo.
Por alguna razón seguimos sin aprender de la historia. Seguimos haciendo guerras donde se nos da la gana, “imponiendo democracia” en donde se nos antoja, restringiendo las libertades civiles, y haciendo todo en el nombre de Dios, como si Dios hubiese elegido a Bush y a este país como sus voceros en la tierra.
Pero la gente aquí no lo ve así, porque no nos preocupamos por escuchar otras perspectivas. Pongamos por caso, la de los guatemaltecos, la de los nicaragüenses, la de los chilenos, la de los yugoslavos, las de tantas y tantas naciones en las que Estados Unidos ha intervenido.
Aquí estamos distraídos con otras cosas, preocupados por lo que va a pasar con Michael Jackson, Kobe Bryant, Niurka Marcos y Bobby Larios. O chateando en Internet, o jugando Play Station.
Hablando de Carlos Fuentes, el escritor culmina su artículo “Un domingo cualquiera” de su más reciente libro, con un párrafo que bien encaja a la situación que estamos viviendo:
“Quienes nos iremos más pronto que tarde de la vida, no dejamos atrás un mundo mejor al que conocimos de jóvenes. Dan ganas de dar gracias: Ya no veremos lo peor. Dan ganas de dar pena: Qué triste es ser joven en un mundo como este. Pero qué desafiante, qué recreativo, qué imaginativo también, ser joven, ser viejo y seguir siendo humano”.
Ese es el gran desafío, seguir siendo humano en un mundo donde ya no tenemos el derecho a pensar ni a escoger nuestro propio código moral porque, para pensar, tenemos la televisión que lo hace por nosotros; para elegir la moral tenemos a nuestro glorioso gobierno. Pronto se privatizará el aire y entonces tampoco tendremos el derecho a respirar.
Sin duda que Eduardo Galeano tiene razón cuando dice que “El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia”.
˛Miguel A. Báez es editor de Noticiero Semanal. Escríbale a miguel_baez@link.freedom.com o llame al (559) 784-5000 ext 1039.





