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No matches found.Cosas en común
Los mexicanos y estadounidenses tienen más en común de lo que están dispuestos a admitir. A los mexicanos les preocupa la violencia causada por la droga en su país, piensan que Estados Unidos es responsable de su gran apetito por los narcóticos ilegales y desean que su vecino deje de exportar a México armas que terminan en manos de los narcotraficantes. A los estadounidenses les preocupa la inmigración ilegal que entra en su país, piensan que México es responsable porque no proporciona suficientes puestos de trabajo para su pueblo, y quieren que su vecino deje de exportar inmigrantes a los Estados Unidos.
Ésa es la principal incompatibilidad de la relación EE.UU-México. Ninguno quiere asumir la responsabilidad de sus fracasos y los dos piensan que es conveniente acusar al otro de sus problemas. Arturo Sarukhan, embajador de México en Estados Unidos y reciente invitado de la junta editorial de The San Diego Union-Tribune, comprende esta dinámica.
Pregunté al embajador sobre el matrimonio turbulento entre Estados Unidos y México y si se podía hacer algo, que no fuera ir a terapia, para suavizar las cosas.
“Pienso que gran parte de las recriminaciones mutuas se están dejando de lado”, dijo Sarukhan. “Tenemos un presidente en México, Felipe Calderón, quien ... ha declarado lisa e inequívocamente que México tiene la responsabilidad de impedir que la gente cruce la frontera —creando empleos, creando oportunidades, desincentivando que esos cruces tengan lugar. Y tenemos ... el gobierno de Obama, que ha dicho, sí, tenemos la responsabilidad de detener el flujo de armas a México”.
Un momento. No se trata sólo de que México cree puestos de trabajo para que sus habitantes no tengan que ir al norte a fin de alimentar a su familia. Sin duda debería hacerlo, pero no porque se lo deba a Estados Unidos. México se lo debe a sus propios ciudadanos —entre ellos los millones que viven en el exterior y que envían a casa más de 20 mil millones de dólares anualmente. Lo que les agradaría a muchos estadounidenses es que México escalara las medidas de seguridad de su lado de la frontera, para impedir físicamente que sus ciudadanos entraran ilegalmente en Estados Unidos. Después de todo, el gobierno mexicano está pidiendo que las fuerzas de seguridad estadounidenses hagan más para impedir que entren armas a México incrementando los esfuerzos para procesar a los corredores de armas que se dirigen al sur. ¿No es justo pedir a México que demuestre reciprocidad en cuanto a la inmigración?
“No creo que hay un quid-pro-quo en ese sentido”, dijo Sarukhan. “Los cuerpos se están apilando de nuestro lado de la frontera, están matando a nuestra gente por el consumo de drogas en este país. No creo que deberíamos hacer un trato—‘ustedes paran las armas y nosotros paramos los inmigrantes'. En primer lugar, no creo que los inmigrantes son una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos”.
De hecho, insistió Sarukhan, en todo caso, la continua inmigración ilegal de mexicanos a Estados Unidos amenaza a México.
“Nuestra pérdida es su ganancia”, dijo. “Si México no puede retener los 300.000 hombres y mujeres que como promedio cruzan la frontera a los Estados Unidos sin papeles cada año, estamos perdiendo gente talentosa, emprendedora y audaz. Y México no podrá crecer si no podemos retener a esos hombres y mujeres”.
Sin embargo, dijo Sarukhan, la Constitución Mexicana permite “el tránsito libre de los mexicanos dentro del territorio mexicano”. Por supuesto, señaló, el documento también declara “que los mexicanos deben entrar y salir de México por puertos de entrada designados”.
¿Entonces México no tiene problema en que su gente entre en Estados Unidos ilegalmente en la medida en que lo haga en forma ordenada?
De ninguna manera, dijo Sarukhan.
“México debe examinar atentamente la manera de asegurar que cada mexicano que cruza la frontera a los Estados Unidos lo haga legalmente”, dijo, “ya sea porque esté entrando por un puerto de entrada designado o que esté llevando un pasaporte, o porque tenga una visa o porque esté participando en un programa de trabajadores temporales en Estados Unidos”.
Buena suerte en eso, vecino. Aparte de las dificultades logísticas para proteger la frontera, hay airadas elites en la Ciudad de México a quienes les molesta que los americanos se atrevan a pedirles que mantengan a su gente encerrada como si estuvieran detrás de la Cortina de Hierro.
Aún así, Sarukhan es optimista de que una nueva relación entre México y Estados Unidos está a la vuelta de la esquina, a pesar de los que él llamó “chiflados” que quieren enfrentar a un país contra el otro.
“Los tenemos en este país”, dijo, “y los tenemos en mi país. Pasa en las mejores familias”.
Eso, sin duda, es cierto.
La dirección electrónica de Ruben Navarrette es ruben.navarrette@uniontrib.com
(c) 2009, The San Diego Union-Tribune





