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No matches found.Diario europeo — Wembley
Fue un jueves por la tarde. Ya lo habíamos estado considerando pero no resolvíamos nada. Fue hasta ese jueves que decidimos Vicky y yo comprar los boletos de avión viaje redondo Los Angeles-Londres.
La salida sería el sábado. Si, sólo dos días después.
Así de que tuvimos día y medio para hacer nuestro equipaje, dejar encargados nuestros asuntos y conseguir quien nos llevara al aeropuerto.
A través de facebook, le hice llegar un mensaje a mi prima, quien estaba viviendo en Inglaterra: “Oye Vero, vas a decir que estoy loco, pero en este momento estoy buscando boletos para viajar. No se si el viernes o el sábado, ya te lo confirmaré. La oferta de darnos posada todavía es viable? Otra cosa, ¿cómo está el clima?”
Al poco tiempo me responde: ”Yeahhhhhh, por supuesto que lo de la posada sigue en pie. Lo del clima, bueno, hoy hace calorcito rico, pero nunca se sabe, tráiganse una chamarra ligera... ¡Que emoción! Házme saber cuanto antes ok. Suerte con lo del avión”, y luego remata: “Y efectivamente, si estás un poco loco ja ja”.
Y es que yo ya tenía cuatro boletos para el juego de México vs. Inglaterra en el mítico Wembley y tampoco era cosa de perderlos así nada más. Otra oportunidad de estar en ese estadio, viendo a jugadores de primer nivel, quién sabe si llegaría.
Volamos un promedio de 11 horas y aterrizamos en el aeropuerto Heathrow, de Londres. Hacía años que mi prima y yo no nos veíamos. Ella es de Toluca, pero por motivos de trabajo y de aventuras, estaba viviendo en Chelmsford, un pequeña ciudad cerca de Londres.
Más de una hora después de aterrizar y tras librar algunos malentendidos, nos encontramos. Un abrazo, y a tomar el metro. Claro, no sin antes dar un pequeño paseo por la ciudad con todo y maletas buscando un lugar para comer.
Así de que tras las fotos de rigor en Piccadilly Circus, y un pequeño recorrido por el barrios chino (que dicho sea de paso estos chinos tienen su barrio en todos lados) paramos a comer en un pub irlandés.
Era un día antes del partido. A los pocos minutos un grupo de mexicanos llegaron a la mesa contigua. Era obvio que estaban allí para el juego pues dos de ellos traían puesta la camisa de la selección.
¿Mexicanos? preguntaron, y tras la respuesta nos hicieron una invitación para el día siguiente: mañana a las 4 p.m. en Trafalgar Square.
Ese día llegamos muy tarde a casa de mi prima. Y es que debido que los próximos Juegos Olímpicos se llevarán a cabo en Londres, los domingos se trabaja en la remodelación de las líneas del metro y trenes, por lo que tuvimos que trasbordar y llegar en autobus a Chelmsford.
Al día siguiente, salimos temprano para Londres. Mi prima parecía la más emocionada. Supongo que imaginaba mariachis cantando el Cielito lindo, y era comprensible. Tenía meses viviendo en Inglaterra y lo más cercano que estaría de su país era ese día en que su selección jugaba al futbol contra la de Inglaterra.
Salimos del subterráneo y parecía que nos habían mentido, no veíamos nada, pero de repente la sorpresa. Cientos de mexicanos ondeando las banderas y cantando —sin mariachi— el Cielito lindo. Es increíble. Les juro que sin el afán de parecer nacionalista, cuando escuchas esa canción tan lejos de tu país, se siente algo diferente.
De ahí, tras encontrarnos con la amiga alemana de mi prima partimos a Wembley.
Al salir de la estación del metro vimos a ese ‘animal’ ¡Impresionante! El acceso, desde el metro hasta el estadio estaba plagado de aficionados. Era una calle enorme de gente. Yo yo no o podía creer. Estar allí es un momento mágico. Si lo era para Vicky, Vero y la amiga alemana, a quienes el futbol no les apasiona tanto, imagínese para mi.
Nos tocó a Vicky y a mi sentarnos junto a los fans de Inglaterra. En medio de esa marea blanca y roja de aficionados fieles a su selección. Todos gritando apoyando a su selección. Lo que menos me importaba era el resultado. Yo estaba allí sentado en una butaca de uno de los estadios más representativos del futbol mundial, escuchando los cánticos que uno escucha por la televisión; siendo testigos de la pasión por el futbol en ese país.
Y luego veía a la mancha mexicana, cantando el Cielito lindo una y otra vez, gritando el tradicional “Putoooo” cada vez que el portero inglés despejaba la pelota, ante la risa de algún inglés y la molestia de otros. ¿Qué significa putou? nos preguntó nuestro vecino, y nosotros sin otro remedio tratamos de traducirle lo más verazmente posible. Al inglés sólo le dio risa.
Impresionante fue participar en la ola, la “ola mexicana” como le conocen allá. Y es que todo mundo recuerda que la ola se originó —o por lo menos se hizo famosa— en el Mundial de México 86, así que está patentada y con denominación de origen.
Al final el resultado fue de 3-1 a favor de Inglaterra, pero a quién carajos le importa el resultado. Claro que festejamos el gol de México, aunque a la entrada los de seguridad nos habían advertido no hacerlo.
“¿Son fans de México?” nos preguntaron y tras asentir con la cabeza vino la advertencia de buena fe: “si mete gol México no festejen airadamente en medio de los fans ingleses”.
Pero no hubo problema, Inglaterra ganó y eso tenía tranquilos a los aficionados.
Luego el trayecto del estadio a la estación del metro tardó más de una hora, pues la gente amontonada caminaba a paso lento, cantando por la victoria y los mexicanos, como buenos mexicanos, ganen o pierden, echando relajo, cantando y tomando cerveza.
Esa noche llegamos a casa exhaustos. A mi todavía no me caía el veinte, como dicen. No pude ir al Mundial, pero había estado en Wembley.
Dormí bien, descansé y repuse energías tras el cansancio por el cambio de horario. A la mañana siguiente, le puse una marca a mi lista de cosas por hacer en este mundo. Aunque si me preguntaran, creo que ya podría morir trannquilo.
Ese día desayunamos, tomamos nuestra mochilita, nos fuimos a la estación de tres y compramnos boletos para Londres. Más aventuras estaban por venir.





