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No matches found.La maquinaria perfecta
February 11, 2010 3:39 PM
Noticiero Semanal
Para empezar debo informarles amables lectores que no soy un fan del futbol americano. Alguna vez seguí algunos partidos de los 49ers, cuando Montana era la estrella, pero nada para volverse loco.
Dicho esto, creo que no es necesario aclarar que los comentarios que está usted a punto de leer son “absolutamente subjetivos”, válgame la expresión. Digo esto por si acaso el hecho de que es un “comentario” y de que esta sea una columna de opinión no fuera suficiente para reafirmar su subjetividad. Así de que sobre aviso no hay engaño.
Este debe ser el único país en el mundo en donde los consumidores son capaces de comprar cuanta cosa nos pongan en frente, y si es a crédito mejor. Digo, si somos capaces de comprar piedras para decorar nuestro jardín, qué podemos esperar.
Pero hablando de este tema de comprar, vender, y yo agregaría manipular, somos víctimas expertas. Y aquí ya entramos en materia, el ejemplo perfecto es el Super Bowl.
De acuerdo a informes de la televisora dueña de los derechos este año, CBS, un comercial de televisión durante la transmisión de dicho evento costó alrededor de 3 millones de dólares, esto sin contar los costos de producción, actores y todo eso que se necesita para producir un comercial.
Esto, claro está, los patrocinadores no lo pagarían de no ser por la cantidad de exposición que adquieren sus productos, pues millones y millones de espectadores están allí, frente al televisor viendo el juego, como borregos ofrecidos como ofrenda a las grandes compañías.
Y no me mal interprete usted. A mi me gusta el futbol (soccer) y también suelo pasar algunos ratos de ocio viendo un buen partido pero porque me interesa el juego y ya, los comerciales me los brinco, aunque claro no deja uno de estar expuesto.
Mi problema es que con toda esta maquinaria que se ha creado en torno al Super Bowl. Son pocos los que escapamos. Y es una maquinaria enorme, capaz de hacernos darle demasiada importancia a cosas que no la tienen.
El futbol americano debe ser el único deporte en el mundo capaz de hacer que un fanático de los 49ers, se emocione al ver el Super Bowl entre sus dos más acérrimos rivales. Caray, si su equipo está fuera de competencia por qué martirisarse al ver a los rivales ganar. Yo no me imagino a un fanático de las Chivas emocionarse y esperar con ansias una final entre América y Atlas. O a uno de Boca Juniors ver que River Plate e Independiente se disputan un campeonato.
No señor, eso no pasa en los deportes de verdad. Pero sucede que la publicidad, la gran maquinaria dueña de nuestras voluntades, ha invertido miles de millones de dólares para hacernos creer que no importa cuál sea tu equipo, ver el Super Bowl es algo que debemos hacer, es “an american thing to do”.
Y los aficionados, y los que no lo son —porque a ellos también alcanza la publicidad— van como borregos a presenciar ese partido.
Y sucede que la cosa no es nada más ver el partido y ya, faltaba más, tiene su chiste ver el Super Bowl. No es nada más que sentarse en el sillón de su casa, con la esposa o el hijo y decir, “vamos a ver el partido”. No señor. Es toda una cultura que se ha construido para vendernos más y más.
Para ver el Super Bowl hay que hacer no una carne asada, sino BBQ, es impensable ver el encuentro sin esto, salsa y chips incluido. Los famosos “Super Bowl Get together”, en donde hay cerveza, comida, mujeres y hombres interactuando en torno a un grupo de gorilas (algunos atletas) golpeándose entre si en la defensa de un balón. Todo, claro, por televisión.
Y yo le apuesto un ojo y la mitad del otro, a que muchos de esos que se reúnen en esas fiestas ni siquiera les gusta el futbol americano y no tienen ni la más remota idea (por no usar otro calificativo sinónimo de prostituta) de cómo llegaron hasta ahí los equipos, quienes son los jugadores principales o sus partidos ganados y perdidos, etc., et. Pero caen, rendidos a los pies de su majestad, la publicidad.
Imagine usted que hasta el volado que avientan al principio de cada juego ha tomado tanta relevancia que hasta hay estadísticas sobre los equipos que han ganado el volado y que han perdido el partido.
Y todos quedan anonadados, expectantes a ver que cae: cara o sol. ¡Caramba! Es un simple volado.
Ahora resulta que ya vendieron la idea de que el Super Bowl también hay que verlo por los comerciales (que no dudo que sean ingeniosos y chistosos) y hasta de eso están expectantes.
Al final, el expectador comió carne o salchichas, se tomó varias cervezas, apostó, compró alguna jersey, y colaboró con los raitings de la televisora, la cual ayuda a que los comerciales tengan efecto y los patrocinadores vendan sus productos, lo cual hace que haya más apoyo para estos eventos y a su vez los equipos (la liga en este caso) cobre más por los derechos de televisión y puedan vender más jerseys, y que los jugadores ganen más y más millones.
Y a cambio al siguiente día, todos esos espectadores sólo se despiertan con una cruda del demonio y la satisfacción de ver ganar a su favorito, o no, esperen, ni siquiera eso, porque el que ganó no es necesariamente su equipo favorito, pues los 49ers, los Raiders, y Cow Boys, que yo sepa hace mucho que no son campeones.
Ya sé que usted me va a decir que yo digo todo esto porque a mi no me gusta el americano, y que en el soccer pasa lo mismo. Obvio está que no estoy de acuerdo y que, aceptando que también tiene ciertas cosas parecidas, no es tan descarado como el futbol americano.
Además, al principio de la columna yo se lo advertí, así de que no me venga ahora a criticar mi subjetividad.
En conclusión, quizá debo retractarme de una aseveración. No nos venden toda esa idea del Super Bowl y de los volados, y de los comerciales y de la BBQ, y las chips y salsa, y toda la parafernalia. Somos nosotros los vendidos a la industria, a la maquinaria publicitaria, al monstruo dueño de nuestras voluntades.
Bueno, los venden a ustedes, a mi no, por lo menos no en el futbol americano (aunque admito que me ha dado tema para esta columna). Allá ustedes con su conciencia. Pues eso.






