Desde afuera, la opinión pública ha sido, casi en su totalidad, de apoyo a las políticas de Calderón con respecto a este tema.
Hacerle frente al narco no puede ser mal visto por países como Estados Unidos, por ejemplo, el cual se ve directamente afectado por este flagelo, pues es el destino final de las drogas producidas tanto en México como en diversas partes de centro y Sudamérica. Incluso desde Colombia, nación que sufrió mucho a causa del narcotráfico, se han levantado voces autorizadas manifestando su apoyo al presidente Calderón por la valiente y encarnizada lucha contra el narcotráfico en México.
Sin embargo, esta pelea diaria ha sido sanguinaria. Es cierto que se han dado golpes duros a diversas organizaciones de narcotraficantes, pero también es verdad que el gobierno ha sufrido muchas bajas.
Ahora bien, la situación se estaba volviendo ya insostenible. Diariamente, los mexicanos se levantaban con noticias en los diarios mexicanos que reportaban tiroteos, ‘levantones’, decapitados y desaparecidos debido a la violenta lucha entre cárteles rivales y la cual en varias ocasiones alcanzaba incluso a civiles que nada tenían que ver.
Todo este desorden vino a tomar notoriedad en el sexenio de Vicente Fox, pero se sabe que el narcotráfico y las ejecuciones no comenzaron allí.
En sexenios anteriores el narcotráfico se hacía en igual o hasta mayor escala, pero se operaba de manera diferente. Hay quienes aseguran que incluso bajo el visto bueno de los gobernantes, bajo un común acuerdo: “tu trafica pero no desestabilices”. En otras palabras, los gobiernos se hacían hasta cierto punto de la vista gorda a cambio de tranquilidad social. Por eso en esas épocas eran contadas las matanzas y masacres como las que se han dado últimamente.
Pero a raíz del gobierno de Fox todo cambió. Las guerras se hicieron más sanguinarias y los cárteles comenzaron a faltar a ese ‘acuerdo’ en pos del control territorial para su negocio. A Fox se le fue de las manos y dejó la papa caliente al próximo presidente.
Cuando el presidente Calderón asumió, heredó todo este problema convertido ya incluso en asunto de seguridad nacional.
Bien o mal, el presidente optó por declarar una guerra frontal contra el narcotráfico y para ello lanzó una auténtica cacería.
Es cierto, para algunos ha dado resultado, pues organizaciones delictivas han sido poco a poco desmanteladas o han recibido grandes golpes.
Sin embargo, aquí es donde radica el debate. Quienes critican al presidente lo hacen con el argumento de que la lucha contra el narco está costando muchas vidas.
Ya ha habido muchas bajas en el ejército mexicano y en los elementos armados que utiliza Calderón para combatir al narco, ¿pero realmente está dando resultado? ¿Hasta dónde podrá resistir el gobierno?
Esas son las mismas preguntas que se hacen los críticos y algunos columnistas mexicanos, quienes argumentan que se está equivocando el camino.
Principalmente critican la carencia de una estrategia clara, lo cual ha causado pérdidas no solamente de elementos de las autoridades, sino de víctimas inocentes del fuego cruzado y grandes pérdidas en imagen e inversiones.
¿Cuándo se va a acabar la lucha? ¿Hasta que alguien se rinda o hasta que unos maten a todos los otros?
En el gobierno de Calderón no hay respuesta para eso. Y es precisamente lo que a muchos tiene preocupados.
Ricardo Rocha, reconocido periodista y columnista del diario el universal, plantea el tema de la siguiente manera:
“Y que conste que no se trata ni de cancelar el combate a los narcotraficantes ni de denostar al ejército. Lo que se cuestiona es el método —violencia en lugar de inteligencia— y el uso que el gobierno hace de nuestras fuerzas armadas. Por eso buena parte de la opinión pública y legisladores de oposición comparten el diagnóstico del señor general salvo cuando, con el apoyo presidencial, pide las mentadas reformas a la ley de seguridad nacional ‘para darle certeza al ejército en su combate al narcotráfico’ Ese es el punto neurálgico, porque muchos creemos que los militares en la calle no son el mejor método para la mal llamada guerra. Y que lo que se requiere es un cambio de estrategia de 180 grados: que sean policías y no el ejército quienes enfrenten a los sicarios; que se investiguen orígenes y destinos en la ruta de los montos gigantescos de dinero; y que se haga una limpia a fondo de los infiltrados del narco en los gobiernos y los cuerpos policiacos”, dice en una de sus columnas.
Hay quienes incluso dicen que la legalización de las drogas es la solución más viable. Pero el gobierno mexicano ha declarado recientemente que ni lo piensen.
El negocio en la clandestinidad le produce, según cifras de Rocha, 400 mil millones de dólares en Estados Unidos y por lo menos 50 mil millones en México, donde además, agrega, ponen los muertos.
La legalización parece la única solución viable porque, a juzgar por los resultados, ni todo el dinero que Estados Unidos invierte en certificar a los países productores para que combatan a los narcos, ni la lucha que Calderón encabeza pararán este flagelo.
Bien lo recalca Rocha en su columna. “Desde hace tiempo los Nobel de Economía y de Literatura Friedman y García Márquez —a los que se han sumado otras inteligencias tan lúcidas como Fuentes, Vargas Llosa y Galeano— coinciden en afirmar que una legalización paulatina e inteligente es la única arma efectiva contra los cárteles. Esa sí sería audacia. A ver quién le atora”.