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No matches found.No saben lo que se están perdiendo
Es la hora del almuerzo y juega Italia vs. Paraguay. Mi compañero Erick y yo vimos una parte del primer tiempo en la oficina. Pero no es lo mismo sin volumen en la tele (aunque para escuchar al cuate de Univisión creo que así está mejor) y sin poner plena atención.
Decidimos ordenar comida y pasar a recogerla para ir a casa de este servidor a ver el segundo tiempo (claro, a la hora de nuestro almuerzo y por SKY).
Llegamos a recoger nuestra comida y el lugar estaba lleno de gente insensata e insensible. ¿Cómo es posible? me pregunto, que la Copa del Mundo esté tomando forma y estos tipos estén aquí como si nada, comiendo sushi y tomando limonada. Ni siquiera una televisión, caramba.
¡Pero en qué mundo viven!
Es casi como aquellos emocionados por un juego de basquetbol o quienes van al beisbol en plena Copa del Mundo. ¡Háganme el soberano favor! Y no es que yo tenga algo en contra de los Lakers o de Boston, igual y no rechazaría ver un partido y tal vez emocionarme un poco, pero eso en circunstancias normales, no durante pleno Mundial. Es algo que no se puede concebir.
Recuerdo cuando vivía en México. Cada Mundial era un suceso de grandes magnitudes sociales. Me acuerdo cómo mi papá llevaba una televisión a su oficina para ver junto a sus compañeros los partidos de futbol. El la paletería del centro, se reunían grandes grupos de vecinos para ver los partidos y jugar las famosas quinielas. Todos llenaban la suya y luego éstas se metían en un recipiente de vidrio, con candado, hasta que terminaba la primera ronda. Entonces el doctor Castro (hombre respetable de la comunidad) revisaba las quinielas en presencia de todos para encontrar al ganador.
Niños y adultos nos juntábamos alrededor para ver la ceremonia de conteo.
Igual para los partidos.
Aun recuerdo la eliminación de México contra Bulgaria en el 94, en penales y el llanto que me provocó (tenía 14 años). Pero recuerdo también los gritos y brincos de alegría con aquellos goles de Luis García contra Irlanda con los que México ganó 2-0.
Más que emocionarse con México, pues nunca llega lejos, uno se emociona con otros equipos y con todo el entorno de un Mundial de futbol.
Recuerdo aquel de México 86 (con sólo 6 años) y cómo en una mañana acompañamos mi papá y yo a mi tía Toña a comprar un televisor a color, el primero en la familia para la casa de mis abuelitos. Claro, todo para poder ver el Mundial a colores. Si mal no recuerdo, inauguraban Italia vs Bulgaria y si mal no recuerdo igualaron a un gol con tanto de Altobeli para Italia. De Bulgaria no me acuerdo (podría buscarlo en Internet pero así no tiene chiste).
A los 6 años recuerdo ver aquel maravilloso gol de Maradona contra Inglaterra, en casa de mi abuelito, en esa televisión a color. Curiosamente no recuerdo en vivo el gol con la mano. Y recuerdo esa gran anotación de Manuel Negrete. Ni hablar de aquella canción casi himno de la selección mexicana: “El equipo tricolor tiene mucho corazón y en la cancha lo demostrará...” El Pique, la ola, a la cual por cierto se le conoce como la ola mexicana en otras partes del mundo. Eso lo corroboré el Wembley en el partido de México vs Inglaterra y en el de México vs Italia. La gente así la describe como la ola mexicana.
Cuatro años más tarde fue el turno de Italia 90. Para este mundial ya nos habíamos mudado de barrio. Recuerdo esas mañanas amenas de verano. Nada de escuela. Todo era futbol. México no participó por los tristemente célebres cachirules pero a falta de un primer equipo siempre estará allí un Brasil para llenar el hueco.
Ese Mundial fue poco espectacular, pocos goles. Particularmete recuerdo al Toto Schillaci, de Italia y sus 6 goles. Me acuerdo de aquel partido en que Argentina eliminó a Brasil después de que los brasileños le habían dado un baile a los argentinos. Agarra la pelota Maradona en mitad de la cancha, se quita a uno, pasa para Canilla, quien elude al portero y anota.
Luego Brasil se echa encima y ya para terminar Muller falla una increible.
Recuerdo ese penal marcado por Codesal a favor de Alemania y como Andreas Brehme le anotó a Sergio Goicoechea, quien se lanzó bien. Ese mismo Goicochea que fue el héroe en penalales en cuartos contra Yugoslavia, y que luego en semifinales atajó un penalti a Aldo Serena y a Donadoni de Italia para acceder a la final.
Buenos tiempos aquellos.
El Mundial de Francia lo vi ya viviendo en Estados Unidos. Aquí empezaron los problemas. Primero, pocas opciones de transmisión de juegos. Luego, la nostalgia de no escuchar las voces conocidas a las que uno está acostumbrado. Sin embargo, quién sabe cuantas veces vi la repetición del Holanda-Brasil, que ganaron los amazónicos en penales. Luego la final y esos dos goles de Zidane y uno más de Petit.
Es una gran emoción ver un evento de esta magnitud cada cuatro años. Hasta quienes usualmente no son aficionados al futbol ven la Copa del Mundo.
Por eso me resulta inexplicable ver a esos señores comiendo tan campantes en ese restaurante, como si no pasara nada, como si el mundo entero no estuviera volcado en un país africano que, de no ser por el Mundial de futbol, nadie voltearía a ver.
En uno de sus libros el escritor y ahora manager del Real Madrid escribe una anécdota que me permito rescatar.
En el sur de Italia, los equipos chicos estaban acostumbrados a ver como los ricos del norte ganaban y ganaban campeonatos. Hasta que llegó Maradona al Nápoles. Entonces, este equipo chico del sur arrebató un poco de gloria a los de siempre. Una vez, en un cementerio local a alguien se le ocurrió poner una manta que decía: “Ustedes no saben lo que se están perdiendo”, en clara referencia a los muertos que nucan habían visto triunfador al Nápoles con un jugador como Maradona.
Creoque esa frase encaja justo aquí. Cada Mundial, al ver la indiferencia de gran parte de la gente en este país, me dan unas enormes de ir y poner pancartas similares en lugares donde no tienen ni idea del futbol.
Yo lo siento por ellos. De verdad, no saben lo que se están perdiendo.





