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Día Internacional de la mujer

Mujer en toda la extensión de la palabra.

Noticiero Semanal
En algunos países es una fiesta nacional.  En otras sociedades es simplemente un día en que se conmemora la participación y la lucha de la mujer por la igualdad con el hombre.

 

Se instauró en el siglo XIX, en plena revolución industrial, y ahora el 8 de marzo es reconocido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como el Día Internacional de la Mujer.

 

En 24 horas, se honra la labor de la mujer durante todos los días, todo el año; sus contribuciones, pero sobre todo, su desarrollo íntegro como persona; la lucha diaria visible e invisible de las mujeres de este mundo.

 

Lucha que muchas veces pasa desapercibida pero que se sabe es tan importante para que este mundo siga siendo mundo.

 

Es fácil recordar a mujeres excepcionales que han alcanzado un espacio en la historia. Pero hay otras de las que no se lee en los libros, ni se escucha sobre ellas en la televisión.  Y ellas tienen igual o mayor valor.

 

Tal es el caso de Cleo Gómez, mujer de 63 años y residente de Porterville, jubilada, con una vida dedicada al servicio.  Desde muy joven Gómez supo que no estaba destinada para una vida fácil.

 

“A los 17 años empecé a trabajar en el campo, desde que llegamos aquí de Texas”, dijo Gómez. “Mi padre había muerto y nos había dejado endeudados y yo tenía que ayudar a mi mamá para salir adelante con mis dos hermanos pequeños. No hubo oportunidad de estudiar”, narró.

 

Gómez combinaba su trabajo en la agricultura con el de cuidadora de niños en una guardería. Laboraba los siete días de la semana.

 

Metida en ese mundo de abusos e injusticias, pronto, Gómez se involucró en las luchas que comenzaban a darse en los campos en ese entonces.

 

“Empezó la huelga de las rentas (en el Campo de Woodville) y participé en ella como también participé en los boicoteos de la uva y en marchas”, dijo.

 

Gómez aseguró haber disfrutado esos tiempos en los que estuvo involucrada en movimientos sociales.

 

“Me gustó mucho esa experiencia porque cuando se envuelve uno en estos movimientos aprendes más sobre tus derechos como trabajador, casos de abusos del patrón en el campo o en cualquier trabajo”, dijo Gómez.

 

Gómez pulió su don de liderazgo y el espíritu de lucha que la hacía defender su dignidad como trabajadora y como mujer, así como los derechos de los compañeros.

 

“Sí encontrabas discriminación en el trabajo como mujer, pero yo nunca me sentí en desventaja; yo nunca me he dejado que me hagan sentir menos que el hombre”, aseguró. “Yo era la vocera, la traductora, la representante de los trabajadores”.

 

En varias ocasiones tuvo que tomar decisiones fuertes, mismas que fueron forjando su carácter. Como la ocasión en que, siendo mayordoma en una compañía, tuvo que decidir entre su trabajo y el apoyo a su esposo Freddie Gómez, quien organizaba a trabajadores en esa misma compañía para sindicalizar a los trabajadores.

 

“Yo decidí respaldar a mi esposo aunque me rogaban que no lo hiciera”, recordó.
En medio de las luchas, del trabajo arduo en el campo, la señora Gómez junto a su esposo Freddie, tuvieron que criar a sus tres hijos.

 

“Era difícil levantarse y tener que despertarlos a ellos temprano para llevarlos a cuidar”, dijo. “También no poder ir a las juntas escolares, no participar en viajes, proyectos, perdimos muchas de sus actividades”.

 

“Estuve muy envuelta en su educación, pero no de la manera como hubiera querido”.

 

Aun así, Gómez y su esposo se las arreglaron para sacar adelante a sus hijos y ofrecerles las oportunidades para progresar.

 

“Hoy cuando los veo me doy cuenta que el sacrificio no fue en vano”.

 

Pero como lo dijo la misma Gómez, la tarea no termina cuando los hijos crecen y se independizan. Gómez sigue realizando labores que exsaltan su rol de madre, de esposa, de hija y ahora de abuela.

 

Hoy cuida a cuatro nietos, quienes viven con ella. Alterna sus cuidados con el cuidado de su madre, quien vive a una cuadra de su casa y de quien está al pendiente día a día.

 

Su madre tiene 94 años y anda en una silla de ruedas.

 

“Yo cuido a mi mamá. Tengo 13 años que prácticamente vivo con ella”, dijo, “Después de recibir a los nietos de la escuela, de ayudarles con sus tareas, de cocinar, ya en la noche me voy a casa de mi mamá”, agregó. “Ella depende mucho de mi y no tiene confianza con nadie más”.

 

Y es que Cleo, como le conocen sus allegados es una líder moral en la familia.

 

“Para mi familia, mis hermanos yo soy la abogada sin título. Para todos buscan a Cleo, por eso mi mamá también me tiene mucha confianza. Yo soy la mamá, la enfermera, la abogada, la consejera, lo niñera, la maestra”, dijo mientras, parada en la cocina, prepara los alimentos para sus nietos.

 

Y así Gómez pasa sus días, de un lado para otro. Lleva 13 años dividiéndose entre su esposo, sus hijos, nietos y su madre.

 

“Mi madre anda en silla de ruedas y está cieguita y no oye bien. Yo soy sus ojos, sus pies, su vista, oído y todo”. 

 

Su madre lo sabe y no está tranquila hasta que Cleo regresa a casa en la noche, a veces a las 10, a veces más temprano.

 

Aunque está jubilada, Gómez tiene un trabajo de más de tiempo completo.

 

De vez en cuando la invitan a alguna reunión para recordar viejos tiempos de activismo o para enterarse de algún acontecimiento. A veces recuerda sus días en los campos y lo hace con nostalgia. “Me respetaba tanta gente”, dice.

 

Pero ya no puede, agrega, ahora todo el tiempo lo tiene su familia: sus hijos, sus nietos, su esposo y su madre.

 

“Ella es muy feliz cuando estoy sentada allí viendo la novela con ella”, cuenta Gómez sobre su madre, “Cuando no llego temprano, apaga la tele y va y se acuesta”, dice Gómez, justo antes de servir la cena y prepararse como desde hace 13 años para ir a casa de su madre, sentarse en el sofá y ver la telenovela juntas.

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