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No matches found.Las cosas ya no son como antes
April 01, 2010 2:57 PM
Noticiero Semanal
A medida que acumulo años (este año cumpliré 30, se aceptan regalos, julio 18 para ser exactos) me voy dando cuenta que comienzo a añorar tiempos pasados.
Luego, en el caso de Facebook, usted puede publicar algún comentario, lo que sea, con el propósito de instar a otros usuarios a que respondan a dicho comentario. En ocasiones se arman buenos debates. Otras veces los comentarios son simpáticos. En el caso de MySpace es un espacio 100 por ciento para la persona exprese todo sobre si misma. Algo perfecto para alguien que no tiene nada que hacer y le quieren contar al mundo, como si al mundo le importara, que no tienen nada que hacer.
Yo, que no soy muy adicto todavía, puedo saber de ciertos amigos sus actividades sin preguntarles. Sé, por ejemplo, su rutina, pues me entero de la hora en que van al gimnasio, lo que comieron, los planes para el fin de semana, si están borrachos o no o si van a estarlo el fin de semana y en que bar. Luego veo fotos que publican unos amigos de otros, a veces sin el permiso, ventaneándolos. En ocasiones de ese bar. Publican hasta fotos de la familia, información sobre la misma. Y yo me pregunto, si un pervertido acosador se lo propusiera, simplemente sería cuestión de ir a una de estas redes y encontrar a su próxima víctima.
Las cosas ya no son como antes.
Uno podría pensar que con toda la tecnología a nuestra disposición, los eventos diarios que suceden en nuestras vidas y que han sucedido en nuestra generación y en generaciones pasadas, y de los que hemos leído en los libros de historia, y de los que nos han contado nuestros abuelos, y de los que hemos visto pasar a otros individuos, el ser humano, o sea nosotros, deberíamos ser más inteligentes y tener más sentido común.
Aprender pues de los errores. Después de todo es algo lógico. Si a mi vecino le roban la bicicleta porque la dejó afuera de su casa, pues yo no voy a dejar la mía fuera de mi casa. Razonamiento sencillo.
Pero no. Resulta que no. Resulta que somos medio masoquistas, vanidosos, mamones para no ir tan lejos.
Y es que mire usted, antes, en general, para ser criminal o cometer ciertos delitos, el malhechor necesitaba estudio. Si, estudiaba los movimientos de su víctima, su rutina diaria, trazaba un plan y cometía el delito. Hoy cualquier hijo de vecino puede robar, acosar, perseguir, secuestrar sin ningún trabajo. Y lo peor de todo es que son las víctimas las que, con su actitud vanidosa, les dan las herramientas a esos malhechores.
Permítame poner un ejemplo. No soy secuestrador y nunca lo he sido aclaro, pero a juzgar por las películas y los eventos de los que uno lee o se entera por televisión, un secuestrador toma tiempo analizando a la víctima. Comienzan por conocer su rutina: a qué hora se va a trabajar, a qué hora salen, que carro conducen, que pasatiempos tienen, a que hora va el hijo a la escuela, en que restaurante comen los fines de semana, entre otras cosas. Lo mismo hacen aquellos que gustan de acosar a otras personas. Ya no se diga los violadores.
Pero ese trabajo se los hemos quitado. Ya no es necesaria esa labor de investigación porque resulta que nosotros mismos les informamos de nuestras actividades en esas redes sociales como Facebook, MySpace, Twitter y tantas otras plataformas. Estos recursos en Internet deberían de ser utilizados para algo productivo y muchos lo hacen, pero una gran mayoría simplemente lo utiliza para alimentar su vanidad.
Y es este el punto de mi columna. ¿Hasta dónde llega nuestra vanidad? ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a arriesgar nuestra integridad a cambio de lucir bien o de oirnos bien, o en este caso, de que nos lean bien?
Para quienes no están familiarizados con las redes sociales en internet, les explico. Usted abre una cuenta gratuita en una de estas redes y obtiene un espacio que puede utilizar como mejor le plazca. Un perfil normal incluye su foto, algunos datos personales, como nombre, edad, fecha de nacimiento, empleador.
Luego, en el caso de Facebook, usted puede publicar algún comentario, lo que sea, con el propósito de instar a otros usuarios a que respondan a dicho comentario. En ocasiones se arman buenos debates. Otras veces los comentarios son simpáticos. En el caso de MySpace es un espacio 100 por ciento para la persona exprese todo sobre si misma. Algo perfecto para alguien que no tiene nada que hacer y le quieren contar al mundo, como si al mundo le importara, que no tienen nada que hacer.
Pero aun y cuando todas estas plataformas son utilizadas como medios modernos de comunicación, no deja de sorprenderle a uno la falta de sentido común de algunas personas.
Por citar un ejemplo, hay quienes publican su estado de ánimo, sus problemas personales. Anuncian al mundo en dónde se encuentran, en qué momento y con quienes. Si planean salir a bailar y emborracharse se lo comunican a los usuarios.
Yo, que no soy muy adicto todavía, puedo saber de ciertos amigos sus actividades sin preguntarles. Sé, por ejemplo, su rutina, pues me entero de la hora en que van al gimnasio, lo que comieron, los planes para el fin de semana, si están borrachos o no o si van a estarlo el fin de semana y en que bar. Luego veo fotos que publican unos amigos de otros, a veces sin el permiso, ventaneándolos. En ocasiones de ese bar. Publican hasta fotos de la familia, información sobre la misma. Y yo me pregunto, si un pervertido acosador se lo propusiera, simplemente sería cuestión de ir a una de estas redes y encontrar a su próxima víctima.
Es tan sencillo: ahí encontrarán número de teléfono, descripción personal con foto, lugar de trabajo, pasatiempo favorito, horas en las que hacen sus actividades recreacionales, en dónde y con quien, cuándo será la próxima borrachera. A qué hora exactamente se encuentran en determinado lugar, qué bebida prefieren. ¿Cuál es la necesidad? ¿Llamar la atención?
Lo peor de todo es que luego nos lamentamos o nos preguntamos cómo o por qué nos pasan las cosas. Esto es parecido a los que practican deportes de riesgo y luego se quejan cuando les pasa algo. Primero se avientan en paracaídas amarrándose de los pies y luego se lamentan si caen mal y quedan en silla de ruedas.
Es cierto, usted podrá decir: ¿y a este güey que le picó? cada quien puede hacer de su vida un papalote y puede utilizar Twitter, Facebook o MySpace como mejor le parezca.
Y yo le doy la razón. Usted tiene todo el derecho de pensar que soy un güey antisocial al que nada le parece. Pero ese mismo derecho que tiene usted lo tengo yo a decir que eso que usted hace —suponiendo que cumple con las características antes mencionadas — es una tremenda estupidez.
Me parece que es inecesario, estúpido y mamón estar dando tanta información y tan detallada sólo para engrandecer nuestra vanidad.
Reitero, así como usted tiene el derecho a mandarme por un tubo y parar de leer esta columna (aunque parezca demasiado tarde) yo también tengo derecho a pensar así. Y aquí me tiene, ejerciéndolo.






